Pymes y marketing online, 3 problemas

Parece que hablar de marketing es hablar de algo lejano y casi inaccesible para las pymes, primero porque utilizar un término en inglés hace que suele como algo más caro, y segundo porque nos vienen a la cabeza grandes campañas que sólo pueden permitirse grandes firmas como Coca Cola o Apple. En definitiva, una pyme, partiendo de esta situación, se olvida del marketing, la publicidad o como quiera llamarse y se limita a la distribución de panfletos y octavillas sin darse cuenta del importante volumen de negocio que aquí están perdiendo.

Seamos realistas, las marcas no desarrollan una estrategia de marketing y publicidad, en cualquiera de sus formatos, sino es con el objetivo único de vender. Objetivos que en el caso de las grandes firmas se ven conseguidos con la obtención de cuantiosos beneficios, pero que en el caso de las pymes se ven relegadas a segundo plano (y eso con suerte) debido a los ajustados presupuestos con los que cuentan y se olvidan de una de las características del social media: económicamente asumible.

En este caso sí que podemos marcar la diferencia entre las grandes marcas, que ya tienen una reputación creada y un cliente fidelizado, y las pymes, que pese a tener una clientela fija, cuentan con menores recursos (humanos y económicos) para el desarrollo de según qué estrategia. Las primeras pueden permitirse cierto margen, jugar más y planificar estrategias que den más juego en marketing, mientras que las pequeñas empresas y marcas nuevas necesitan con urgencia crearse una imagen y vender, antes que fidelizar al cliente. Eso sí, en caso de batacazo, la primera necesitaría algo más que dinero para arreglar la situación, mientras que para la segunda tampoco supondría una debacle.

Pese a todo, las pymes siguen destacando por su falta de adaptación y flexibilidad. Y es que, pese a que actualmente un 92% de las empresas españolas están presentes en las redes sociales, aún sigue predominando el miedo por adaptarse a las nuevas tecnologías.

Las causas:

Transformación del sistema tradicional de trabajo

Las empresas, y sobre todo las pequeñas, han consolidado una rutina de trabajo, futo de muchos años. Su experiencia y conocimientos del sector en el que se desenvuelven se quedan obsoletos cuando se habla de adaptarse a las nuevas tecnologías y acaban prefiriendo mantener su tradicional cartera de clientes, sin ser conscientes de que el cambio generacional y el ciclo de la vida terminará por afectar a esta cartera y, por tanto, a sus negocios.

Ritmo frenético

La rapidez con la que evoluciona el mundo tecnológico es un hándicap, sobre todo para las pymes que ven cómo estas innovaciones varían de un día para otro sin darles tiempo, ya no a adaptarse a ellas, sino que ni siquiera tiene tiempo para llegar a conocerlas y a entender cómo funcionan, cómo utilizarlas y cómo beneficiarse de ellas.

Comunicación

Los dos puntos anteriores convergen en este último: el ritmo frenético propio de las nuevas tecnologías choca con un sistema de trabajo tradicional y afecta directamente en la comunicación de las empresas con sus clientes. La necesidad de los consumidores por estar continuamente en conexión y saber en todo momento qué está pasando es una barrera para las pequeñas empresas acostumbradas a un ritmo más sosegado. Esto no debería ser un problema, sino una manera de buscar el término medio y hacer entender al consumidor que no todo es para ahora. Bien planteado puede reportar unos altos índices de fidelización del cliente.

¿Y tú? Si te has visto reflejado a ti, como empresario, o a tu pyme en este artículo y quieres saber más sobre qué es y qué hacemos en Ideando, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.